miércoles, 9 de enero de 2008

Ayer, estuve viendo un documental en el canal de Historia referente a los cambios climáticos que se han podido confirmar por parte de científicos mas que solventes, demostrando que nuestra amiga la Tierra, como es normal en cualquier cuerpo celeste, tiene sus diferentes estados de humor, que consisten entre otras cosas, el tener ciclos de calor frío según le apetezca (mas o menos cada 10.000 años), así como, otros cambios menos radicales habiendo sido el último entorno al siglo XIII de nuestra era, donde hubo subidas y bajadas de temperatura lo suficientemente importantes, como para colaborar en la dispersión de la peste negra en Europa y otros tipos de lindezas, lo cual me hace pensar que en el siglo XIII, no había demasiadas industrias, coches malignos, etc., etc.
Esto me hace pensar en la masa tan grande de papanatas y cortos mentales, que nos abrasan cada día con la Apocalipsis a corto plazo, cuando en realidad madre Tierra ha hecho, hace y hará lo que mejor le apetezca y en el momento que mejor le parezca cosas como: fantásticas erupciones volcánicas que cubran todo el planeta con cenizas durante 50 años, abrir o cerrar agujeros de ozono en los lugares mas insospechados, etc. etc.
Conclusión: Quizás el hombre actual acelere alguno de estos procesos, pero ni con mucho es capaz de cambiar lo que ya está establecido por nuestro planeta.
Saludos,
Inuik

2 comentarios:

incredulidad dijo...

Y entonces deberemos aceptar que una serie de especímenes pasarán, como los dinosaurios, a ser objeto de estudio vía literatura o fósiles y adivinar sus modus vivendis por mucha informática que tengamos en estos momentos?

inuik dijo...

Incredulidad, no significa que el cambio climatico nos lleve a no poder estudiar en vivo a los animales que tenemos hoy en dia, sino a asimilar que los cambios de la metereologia estan en manos del planeta en gran medida y no en las nuestras.
Por otro lado, si el cambio fuera radical, el resultado seria, que los que viniesen a vernos en un futuro, tendria para estudiar a todos los bichos actuales (incluidos nosotros), ya que no iba a quedar ni el Tato.